33 años sin Joaquín Garrigues Walter

Joaquín Garrigues Walter falleció de una leucemia hace ahora 33 años, y quiso hacerlo como un liberal; Amando a la vida, a pesar de la injusticia, y amando a la libertad. 

Por encima del poder y de las ambiciones de poder, por encima de las envidias, cotilleos, demagogias, mentiras y calumnias. 

 

“No quiero mandar, solo pretendo sitio en la mesa y que me permitan hablar”, decía con frecuencia, añadiendo – según explica su amigo Pedro Pérez en un homenaje escrito y publicado hace tres años - que los liberales nunca serían mayoritarios en España y solo podrían pretender influir entre quienes sí se despellejaban por mandar.

 

http://www.elconfidencial.com/tribuna/prohibido-prohibir-joaquin-garrigues-walker-20100729-6304.html

“Debería estar prohibido el prohibir”- decía Joaquín GW. Nosotros estamos de acuerdo y desde el PLSD quisiéramos rendir homenaje a este hombre que quiso una España mejor y más moderna, una España que seguramente ahora evitaría muchos de los gravísimos problemas que nos enfrentan.  

 

Cierto es  que don Joaquín, en su ironía a veces sarcástica pero sobretodo en su escepticismo que pudo parecer ‘elitista’ en relación con las masas y el poder político o la a menudo inapreciable diferencia entre la derecha y la izquierda cuando consiguen el poder , rozó – creemos que de forma absolutamente consciente – el estado ‘libertario’ más que el ‘estado liberal’. 

 

Pero quien puede negarle que , a tenor de los sucedido , no tiene mucho de razón ¿ Y que el principal objetivo de los partidos políticos en nuestra democracia (1978-2013) ha sido precisamente “muñir el estado como si fuera una vaca”? 

¿No lo han hecho el PSOE, y el PP, o los partidos nacionalistas en sus respectivas CCAA? 

 

Don Joaquín dejó una carta poco antes de morir en la que decía: “No te pases los días mirando expectante a los poderes públicos para que te resuelvan los problemas. 

 

Hazte la vida por ti mismo y, si te es posible, vive al margen del Estado, de sus funcionarios y de todo el boato y esplendor que les acompaña. 

 

En este país todo es política porque hemos convertido al Estado en un becerro de oro al que adoramos con fervor. 

 

Si tú y tus amigos os podéis liberar de ese culto profano iniciaréis un camino hacia no se sabe dónde pues ya sabes que las libertades con minúscula, las libertades para vivir, abren los caminos pero no cierran los destinos. 

 

Y debes saber también que esas libertades están siempre amenazadas por el Estado, de derechas o de izquierdas pues, te digan lo que te digan, los hombres y mujeres que lo rigen quieren ordenarnos, organizarnos, reducirnos.

 

No te engañes; si algún día llegan las izquierdas al poder harán lo mismo que las derechas, en el mejor de los casos, ya que los hombres públicos, todos sin excepciones, aspiran a que sirvamos de conejos de india para sus experimentos y proyectos”.

 

Y a modo de consejos a un hijo (tuvo cinco, pero todos los liberales de España lo somos) añadía: “Cuando te hagas mayor rechaza todos los dogmas de la vida pública y ponlos en tela de juicio que, por poco que tengas, te llevará a la conclusión de que ningún revolucionario importante, desde Jesucristo hacia atrás o hacia delante, gastó su tiempo inventando corsés para la gente. 

 

Eso lo hicieron otros, los que necesitan mitos para organizarse su vida a costa de la nuestra, los que programan el aburrimiento y organizan los festivales de las canciones del orden”.

 

Joaquín Garrigues Walker  nació en Madrid, en plena II República española el  4 de marzo de 1933 y falleció también en Madrid, a tan solo 47 años de edad, el 28 de julio de 1980. 

 

En su escueta biografía consta que fue un empresario y político español, miembro de una saga familiar de destacados personajes de la vida pública española como su padre Antonio Garrigues Díaz-Cañabate o su hermano Antonio, que poco tiempo tras la muerte de Joaquín  co-lideró, con Miquel Roca i Junyent de CDC (uno de los padres de la Constitución española del 1978) el “Movimiento Reformista. 

 

El Secretario de esta fracasada operación política era don Florentino Pérez, que se ha destacado siempre – además de por macro fichajes en el Real Madrid – por sus simpatías liberales y su gran discreción y excelente educación.

 

Joaquín Garrigues Walker inició su historia laboral como abogado, aunque posteriormente se adentró en el mundo empresarial, siendo presidente de Liga Financiera, una empresa dedicada a la construcción de autopistas que tuvo un papel muy importante en la vertebración viaria de la España moderna. 

 

Los que todavía recordamos las carreteras franquistas, de alquitrán pegajoso y derretido en los meses de verano y de “rayas amarillas” en la calzada, sabemos el impacto y la diferencia que significó el desarrollo de nuestras autopistas. 

En 1976, don Joaquín fundó el  “Grupo Libra”, una sociedad de estudios que se encargó de editar “cuadernos”  con pensamientos políticos de carácter liberal.

 

Además, fue el embrión de la Federación de Partidos Demócratas y Liberales, que acabaría integrándose en Unión de Centro Democrático (UCD), hasta el ‘harakiri’ político de esta organización política, eje de la transición democrática bajo el mando de Adolfo Suárez.

Aunque en su vida política, fue diputado por Madrid el 15 de junio de 1977 y posteriormente por Murcia en 1979 y llegó a ser Ministro de Obras Públicas y Urbanismo del segundo gobierno de Adolfo Suárez (1977-1979) y luego Ministro Adjunto a la Presidencia (abril de 1979 - abril de 1980), don Joaquín Garrigues Walter no dejó de aplicarse lo que posteriormente dijo: “Haz el amor y no la guerra. 

 

“Desesperadamente haz el amor y no hagas nunca la guerra porque esos machos que la empiezan suelen sobrevivirla a costa de millones de cadáveres.” 

 

“Por estas tierras circulan impunes muchos matones que pegan con cadenas, atacan en grupo y matan con pistolas por la espalda y se comportan en familia como santos varones, unos a la derecha y otros a la izquierda, en defensa de sus dogmas, de sus privilegios o de sus ideales”.

 

En su vida privada, estuvo felizmente casado con una hija de José María de Areilza, Mercedes de Areilza, con la que tuvo cinco hijos; y es probable que el liberalismo de Areilza – hombre de Cambridge en su juventud – y el liberalismo de Joaquín no fueron idénticos, aunque no dudamos de que ambos opinaran que a pesar de sus desastres y conflictos merece la pena luchar por las libertades de España porque (en palabras de JGW):

 

 “Este es, sin embargo un país importante capaz de helarte la sangre y construir maravillas, un país de gentes que se pegan al terreno y luchan como leones para resistir el calor de los fuegos y el frío de las nieves sin darle a la cosa mayor importancia y sin perderle la cara al toro de sus mil dificultades”.

 

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